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viernes, 13 de julio de 2012

I. Engranaje descontrolado (parte 2)

Shai apartó la vista de las abarrotadas calles de Londres y regresó a su lectura. Habían pasado ya tres días y, por suerte, Alec se había dignado a pasar por allí, llevándole no su inacabada lectura, sino su libro favorito: Alas Negras. Alec había pasado un buen rato con ella, pero hacía poco se había marchado a la cafetería.

En el libro, la reina Marla estaba acabada. Aún caminaba frente a los guardias con sus pasos altivos, como si no fuera su fin. Numerosas flechas se le clavaron en el cuerpo, pero la muchacha no perdió la dignidad. Era orgullosa, fiel a sus planes e ideales. ‘Alguien a quien sí se puede admirar’ pensó Shai.
-¿Sabes? Marla y tú casi podríais ser gemelas.-solía pincharla su hermano. Pero él no sabía que para ella eso era un halago más que un insulto. Las personas decididas, seguras, fieles hasta el final, esas eran personas ejemplares.

Alzó la vista y se encontró con la visión del muchacho rescatado por su hermana. Ahora estaba mucho más aseado, sin restos de sangre en la cara y con una respiración estable. Aunque eso no hacía que a Shai dejaran de darle arcadas cada vez que lo miraba. El joven tenía la tez pálida y el pelo rojo fuego. Sus pestañas eran espesas y proyectaban sombras sobre sus pómulos. Tenía la cabeza ladeada y la expresión relajada. Quizás en otro mundo, en otro tiempo, en circunstancias completamente opuestas, a Shai podría haberle llegado a interesar. Pero no entonces. Lo único que le provocaba ese chico (o cualquier otro en la misma situación) era el impulso de acercarse a él y quitarle la máscara de oxígeno y cualquier otro aparato que propiciara su supervivencia.
En aquel preciso instante, el cardiógrafo comenzó a cambiar de ritmo, a acelerarse casi de manera imperceptible. Shai se extrañó. Tenía el oído muy fino, así que la variación no se le escapó. Se acercó al muchacho para comprobar si había habido realmente algún cambio. En los pocos pasos que tuvo que dar, se preguntó por qué estaba haciendo ella eso. Era a su hermana a quien le interesaba, ella no quería estar allí, y sin embargo no se había movido de la butaca desde que lo llevaron a la habitación. Cuando llegó frente al chico, se quedó observando, ligeramente sorprendida, cómo éste abría los ojos, de color verde aguamarina.

El joven pareció desorientado por un momento. Miró a todos los lados con angustia hasta reparar en Shai.
-¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? ¿Qué me habéis hecho?- tenía el tono de voz alterado, nervioso, y además translucía un deje de desprecio.

Perfecto, acababa de despertarse y ya sacaba de quicio a Shai.
-Relájate, Bello Durmiente.- dijo con desdén.- En vez de preguntarme como fuera la que ha intentado acabar contigo, podrías agradecer que te hayamos traído aquí, sino, estarías muerto.

-Ya te gustaría a ti…- murmuró el muchacho.
-¡¿Disculpa?!

-Que sé por qué me habéis traído aquí. Me habéis condenado.
-Oh, perdona.- Shai empezó a perder el control.- Pero trayéndote a este maldito hospital te hemos salvado de una muerte inminente. Al menos podrías dar las gracias, porque ten por seguro que ayudarte es lo último que yo habría hecho.

El chico fue a buscar una réplica, pero entonces su rostro se iluminó.

-¿Has dicho hospital?
-Sí, aunque yo preferiría haberte llevado a hor…

-Vaya, vaya, parece que hemos despertado de la siesta, ¿eh?
Alec apareció por detrás de ella, puso las manos en los hombros de su hermana y apoyó la cabeza sobre la suya.

-Alec, te pesa la cabeza.
Su hermano no respondió, se quedó mirando fijamente al desconocido.

-A ti te pasa algo grave.-le dijo sin expresión.- ¿Seguro que no te diste un golpe en la cabeza?- Alec sonrió malévolamente.- ¿Qué creías que te habíamos hecho? O más bien,  ¿qué pensabas que te había hecho Shai?
Shai echó la cabeza hacia atrás asestándole un golpe en la mandíbula.

-Pervertido.- lo recriminó. Alec le sacó la lengua.
-Lo siento.- se disculpó el chico de pelo rojo.- Os lo agradezco mucho. Me llamo Gabriel.

‘Puf, como si me interesara’ pensó Shai.
-Yo soy Alec,-se presentó el moreno.- Y esta es mi hermana Shaia.

-Agradecería que me dejaras presentarme a mí. Y que no le dijeras mi nombre a desconocidos.
Gabriel la miró sin comprender, y luego dirigió su mirada hacia Alec, interrogante.

-No esperes cortesía por su parte.- dijo simplemente el muchacho, encogiéndose de hombros.- Oye, ¿no deberíamos avisar a Zoey y a mamá de que ha despertado?
-Eso no será necesario.

Tres pares de ojos se giraron hacia la puerta. Una enfermera de sonrisa agradable acababa de entrar en la habitación, seguida por la madre de Alec y Shai y por su hermana. Zoey no sabía que decir. Tenía la boca abierta y miraba fijamente al chico, emocionada. De repente, se abalanzó hacia delante y rodeó con sus brazos al chico, cuya expresión de sorpresa y el ligero sonrojo que cubrió sus mejillas hicieron mucha gracia a Shai, que se ocultó tras su hermano para que no la vieran reírse.

-Me alegro de que hayas despertado.- dijo con voz entrecortada.
-Zoey.- le llamó la atención su madre.

-Déjala que haga lo que quiera.- suspiró Alec.
-Zöe, mantén la compostura.- dijo entonces Shai volviendo a su seriedad habitual. Solo entonces de separó Zoey del muchacho, que aún no sabía lo que pasaba. Zoey estaba completamente roja tras darse cuenta de lo embarazosa que había resultado la situación.

-Lo-lo siento…
-No pasa nada.- la cortó Gabriel con una sonrisa encantadora que hizo resoplar a Shai.

-Gabriel, esta es mi hermana Zoey.- dijo Alec distraídamente.- Es la que te salvó la vida.
‘Y podía habérselo ahorrado’.

-Al parecer, todavía no era tu momento.- la enfermera emitió una risita cantarina a pesar de lo extraña que había sonado la frase.
Gabriel miró a Zoey con agradecimiento y los ojos brillantes.

-No sabes cómo te lo agradezco, Zoey. No sé qué decir.
Zoey enrojeció aún más.

-N-no fue nada. Es que… no podía dejarte allí.
-Vamos, Zoey, no seas modesta.- interrumpió Shai, enfadada.- Encima de que lo has salvado no te quites mérito, blanda. Para eso, haber pasado de largo y haberlo ignorado.

-Shai, discúlpate ahora mismo.- la reprendió su madre.- No está bien ser maleducada ni desear el mal a cualquier otro.
-¿Y a mí que más me da?- gritó Shai.- ¡Es un chico, son todos iguales! ¡No merece lo que Zoey hizo por él! ¿Para qué lo hemos salvado? ¿Para que haga lo mismo que papá hizo con nosotros?

Su madre se quedó lívida, con los ojos muy abiertos. Zoey ahogó un grito. Alec posó una mano en el hombro de Shai.
-Está bien, tranquilízate.

Shai se sacudió la mano de su hermano y mostró una expresión dura, marmórea e impenetrable.
-Deberían morir todos.


Su voz fue fría y cortante. Shai se dio la vuelta y se marchó con paso decidido de la habitación. Gabriel hizo ademán de levantarse, pero tanto la enfermera como Alec se lo impidieron. La habitación del hospital se sumió en un sepulcral silencio.


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Aquí la segunda parte del capítulo 1. Shai se cabrea O.O Se que me ha quedado muy largo, pero si lo partía en tres partes era imposible seguir la historia normalmente.
Y sí, para los que conozcais el libro, he hecho una pequeña comparación entre Marla de Alas Negras y Shai... al fin y al cabo, es uno de mis libros preferidos.
A ver... reacciones, plis ^^

jueves, 12 de julio de 2012

I. Engranaje descontrolado (parte 1)

El odio explota como un engranaje descontrolado. Gira rápidamente y enloquece a todo el mecanismo. Y es siempre el primero en aislarse, resultando el más dañado.


Era extraño.
Hacía ya un rato que había dejado de llover, y que había dejado de notar esa sensación de soledad.


Estaba sentada en una butaca de cuero negro bastante cómoda, junto a la ventana. El cielo londinense presentaba, como de costumbre, un triste color ceniza. Ni las nubes se distinguían en aquel cielo, todo se difuminaba como al emborronar un dibujo. Era el cielo al que estaba acostumbrada, aunque lo prefería con lluvia. La lluvia la hacía sentir viva, como si cada pequeña gota fuera un problema que se disipaba. Le gustaba ver llover, sentirse empapada y sonreír bajo la lluvia. Estar completamente mojada, aun llevando capucha y paraguas, sentirse pesada por aquella carga extra y llegar a casa jadeante.
La lluvia la hacía pensar que no estaba sola. Imaginaba que aquella misma agua empapaba también a gente muy diversa en todo el mundo, y que de algún modo, estaban conectados. Sí, entonces no estaba tan sola. El sentimiento era  siempre el mismo. Aunque, en aquella ocasión, había habido una notable diferencia.


Estaba tumbada en el sofá de su casa, leyendo por quinta vez el sexto libro de Harry Potter, cuando oyó que llamaban a la puerta. Siguió leyendo, pero el insistente sonido no cesaba.
-Shai, ¡abre la puerta!

-¡Pero mamá, seguro que es uno de esos pesados vendedores a domicilio!
-¿Y si es tu hermana, qué?

Shai lo meditó unos momentos. Sí, lo más probable es que fuera el desastre que tenía por hermana. Seguro que se le habían vuelto a olvidar las llaves sobre la mesa de la cocina.


-Serás idiota, Zoey…- masculló.
Se dirigió hacia la puerta. La casa era más bien pequeña, así que no tardó en llegar. Giró su llavero, que solo tenía tres llaves, varias veces hasta abrir la puerta.


Allí estaba su hermana, completamente empapada, sin el paraguas y con aspecto atemorizado. En el momento en que iba a regañarla por perder su paraguas, se fijó en que Zoey llevaba el brazo de un chico sobre los hombros. El muchacho apenas se tenía en pie, sus ropas estaban rasgadas y bañadas en sangre. Estaba sucio e inconsciente.
-Dios mío.


Su hermana empezó a emitir sollozos incontrolados, así que Shai agarró al chico y lo llevó hasta el sofá donde momentos antes ella había estado. Cuando lo dejó, abrazó a su hermana, cuyas lágrimas se confundían ya con el agua de lluvia que la cubría de pies a cabeza.
-Sh, sh, tranquila…- le acarició el pelo, tratando de calmarla.- ¿Qué ha pasado, Zoey?

-Es-estaba andando por la calle, y-y entonces lo encontré acurrucado junto a un edificio… estaba inconsciente, sucio y cubierto de… de…


Una nueva oleada de llanto le impidió seguir hablando.
-Tranquila, sh, tranquila. ¿Me oyes, Zoey?...

Su hermana trató de continuar.


-Quise llamar a la ambulancia, pero tenía el móvil sin batería y pensé que lo mejor era traerlo…
Típico de su hermana ser tan descuidada.


-Vale, vale, hiciste bien…- entonces se dio cuenta de que lo que realmente tenían que hacer era llevarlo al hospital.- ¡Mamá, deja lo que estés haciendo y pon en marcha el coche!
-Pero hija, estoy preparando la…-su madre salió de la cocina y entonces vio al chico.- Oh Dios mío. Avisa a tu hermano, voy a por el coche.

Aún con su hermana en brazos, tomó aire y gritó.
-¡Alec!

Su hermano apareció por la escalera.


-Voy, voy, no te estreses…-miró al muchacho del sofá, que apenas respiraba.- ¿Y a este qué le ha pasado?
-¿Qué que le ha pasado? ¡Serás idiota! ¿No ves que se muere? Vamos a llevarlo al hospital, ¿vienes?

-Mmm… déjame pensar… no.- los ojos verde brillante de su hermano demostraban la más pura indiferencia, mientras se pasaba la mano por el cabello negro. En realidad, Shai entendía a su hermano. Intentar salvar a un hombre era lo último que se le habría pasado por la cabeza. Ella, que odiaba con toda su alma a los hombres desde el incidente de su padre… Le asqueaban. De hecho, el ver al muchacho tumbado en el sofá, moribundo, le causaba un extraño y cálido placer. La única razón por la que había decidido salvarlo era su hermana. Ni su sentido del deber la impulsaba a ayudar a aquellos seres repulsivos. El único hombre que quería en su vida era su hermano mayor, con quien estaba extrañamente unida, e incluso él sobraba en ocasiones.


-Como quieras.- se escuchó el pitido del coche de su madre fuera de la casa.- Nos vamos, Zoey.
Su hermana asintió casi imperceptiblemente, y ella levantó al chico.

-Solo asegúrate de que no muera.- dijo su hermano enigmáticamente antes de que Shai saliera por la puerta con un desconocido ensangrentado en brazos.

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He aquí la primera parte del capítulo 1 de Clockwork. Siento tardar tanto en publicar, pero mi cabecita no da para mucho ^^'

domingo, 8 de julio de 2012

Prólogo. Amnesia.

Kaiell

Me desperté con una profunda sensación de pesadumbre en el pecho. Me faltaba el aire. Tenía cada fibra de mi ser encogida dolorosamente. Noté mis manos abiertas, frías. Vacías. Era como si me faltase algo, como si estuviese incompleto de alguna manera. Sentía que algo tiraba de mí, desde lo más profundo de mi alma, desesperado por encontrar… ¿el qué?


Me incorporé en la cama y enseguida me arrepentí. La cabeza me daba vueltas y tuve que reprimir las ganas de vomitar, lo que me dejó un horrible regusto amargo en la boca. Miré a mi alrededor mientras inspiraba lenta y profundamente. Estaba en una habitación oscura, de la que solo llegaba a distinguir la paliada silueta de una ventana, la cama y una pequeña mesita con un miserable vaso de agua. Me pasé los dedos por el pelo, intentando descubrir qué hacía exactamente allí.


Abrí los ojos como platos. Era imposible. No… Pero realmente pasó.


Y es que antes de haber despertado allí no recordaba nada. Cualquier cosa que hubiera podido suceder antes de abrir los ojos con la cara pegada a aquella almohada con olor a jabón pasado se fundía en un agujero negro y exasperante. Lo único que estaba claro en mi cabeza era aquella voz… una voz aguda y alegre, probablemente de una niña. ¿Pero qué niña? ¿Qué relación tenía conmigo? ¿Y por qué diablos solo podía recordar su voz, ni siquiera su rostro?


Apreté los puños y cerré con fuerza los ojos, deseando poder acordarme de lo que fuera, incluso el más pequeño, trivial y absurdo de los detalles. Pero era en vano. Rocé suavemente la almohada, lo más complejo que podía asimilar por el momento. Olí las sábanas en busca de alguna esencia que me fuera familiar, pero las sábanas debían llevar tiempo sin lavarse y lo único que me provocó aquello fue un nuevo impulso de devolver.


De repente escuché un sonido amortiguado. Parecían pasos. Podría haber permanecido tal como estaba, haber preguntado a quien fuera que se acercase por lo menos una de las mil preguntas que bullían en mi mente; pero mi cerebro me alertó de alguna forma y cambié de idea. Atropelladamente, me volví a tapar y fingí estar dormido.


La puerta se abrió silenciosamente y la luz de fuera me hirió los ojos a través de los párpados cerrados.


-Oh, estás despierto.- constató una voz sin el menor atisbo de sorpresa. Sentí unos ojos clavados con fuerza en mí, pero me resistí a mirar.- Ya era hora. La ropa está sobre la silla. Vístete y ven al Gran Salón. No te costará encontrarlo.


La persona dueña de aquella gélida voz debió dar entonces por zanjada la ‘conversación’. Tras aquella escueta orden, se dispuso a cerrar la puerta. Me incorporé con prisas. Tenía muchas preguntas que formular, pero me enredé con las sábanas. Con los ojos aún adormecidos tras quién sabe cuanto tiempo de sueño, observé sin articular palabra cómo una figura femenina se marchaba, dejándome solo de nuevo y entendiendo menos todavía que cuando había despertado.
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Hasta aquí el prólogo de Dos estrellas Gemelas. Sé que estoy empezando muchas historias, sin seguir ninguna y que va a ser un lío, lo siento ^^' Gracias por leer, y comentad, por favor!

viernes, 6 de julio de 2012

Prólogo. El mecanismo del reloj



Tic-tac, tic-tac.
Retumba la incansable melodía del reloj.

Solo nosotros podemos iniciar el mecanismo. Solo nosotros sabemos pararlo.
Un reloj que lleva nuestra cuenta atrás. Un reloj que programa nuestras vidas.

Un reloj que no para nunca, hasta que llega el momento de romperse el engranaje.

Un reloj al que damos cuerda cada día, sin dejarlo descansar.

¿O es acaso el reloj quién nos da cuerda a nosotros?

Sí, un reloj sádico, cruel, enloquecido. Contaminado.

Dime entonces, al reloj, ¿quién lo parará?

O debería decir… ¿cuándo nos detendrá?


Las gotas de lluvia le acribillaban el cuerpo, como diminutas agujas de hielo. Hacía frío, y, aunque quisiera, no era capaz de mover un músculo. Con dificultad abrió los ojos. No veía nada, todo estaba borroso. Apenas llegaba a distinguir la calle desierta y la pared del edificio junto al que estaba tirado.
El suelo estaba rojo. Gimió. Le dolía demasiado la cabeza como para recordar nada de lo que pudiera haberlo llevado hasta aquel instante. Le costaba hasta el simple hecho de respirar y tenía un horrendo sabor metálico en la boca. Cada inspiración sonaba como una puerta chirriante y hacía que sintiese los pulmones a punto de reventar. 

El polvo de la calle se le metió en la garganta y lo hizo toser dolorosamente. Su campo de visión empezó a llenarse de molestos puntos negros. El agua seguía cayendo y se coló por su boca entreabierta. Estaba ácida.

La cabeza le iba a estallar, pero cuando intento subir los brazos para agarrársela sintió un agudo dolor que le recorrió de la espalda hasta las puntas de los dedos. Quiso gritar, pero las palabras se le atragantaron, pichándole justo tras los ojos. Se mordió el labio inferior hasta atravesarlo y se acurrucó.

En lo más profundo de su cabeza resonaba el mecanismo de un reloj, incesante, marcando el acelerado ritmo de su corazón. Su eco silencioso le taladraba los oídos. Cada oscilación del péndulo significaba un latido, y también una nueva punzada de agonía en el centro su pecho, en el centro de su alma. Era desquiciante, lo estaba volviendo loco.

Tic-tac. Tic-tac.

Quizá había llegado su hora. Quizá había llegado el momento de ser destruido. Pero no le preocupaba, eso haría cesar su dolor…  Sí… Sonrió de forma demente. El dolor cesaría.

O eso hubiera deseado. La muerte, por desgracia para él, no era una opción. Con gusto se hubiera aferrado a aquella histérica idea, con gusto se habría abandonado a la muerte si pudiera, todo con tal de aplacar el sufrimiento. Allí, encogido, hubiera preferido morir a estar sufriendo todo aquello. Hubiera preferido morir, porque sobrevivir significaría seguir enloqueciendo de dolor, y después… significaría  el Cambio. Pero tenía claro que morir no era una opción, así que tendría que enfrentarse a aquello. Cerró los ojos y se abandonó en brazos del dolor, desesperado por lo que ocurriría después.

Hubiera preferido morir…

Un grito lo hizo abrir los ojos. Una muchacha vestida con abrigo blanco, con un paraguas negro en la mano y el cabello castaño cubierto por una capucha de cálido pelaje, lo observaba tapándose la boca con una mano. Tiró el paraguas a un lado y se arrodilló junta a él, tomándolo y depositando la cabeza del chico en su regazo. Sus ojos pardos reflejaban el mayor terror que él jamás hubiera visto.

-Por favor, no te mueras, por favor, no te mueras…

Su voz sonaba lejana y alterada. Metió la mano en su bolsillo y sacó algo, pero él ya no pudo ver nada, porque una ola negra lo hundió en la más profunda y asfixiante oscuridad.

Tic-tac.
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He aquí el prólogo de Clockwork. Espero que os guste. Tengo ya el capítulo 1 y estoy con el 2, además de las otras historias.

miércoles, 4 de julio de 2012

Una pequeña presentación

Hola, soy Mikka.
Bien, creé este blog para colgar algunas de mis historias más serias, más trabajadas, en las que pongo más empeño.
Aquí os pondré mi última historia: Clockwork. También me gustaría mostraros Dos estrellas Gemelas.
Pero lo que más deseo es retomar antiguas historias, que abandoné, de las que me olvidé o que simplemente perdí: Las guardianas de Karish, Trece brujas, La saga de los Pecados Capitales y, sobre todo, Serpiente Emplumada.
Quiero que conozcáis todos estos escritos, porque tengo la sensación de que, si no los publico ahora, nunca saldrán a la luz.
Por favor, comentad, decidme vuestras opiniones. No dejéis que piense que soy mejor de lo que realmente soy, bajadme de las nubes si es necesario (aunque es complicado que yo llegue a ese estado xD)
Hasta pronto,
Mikka