En
el libro, la reina Marla estaba acabada. Aún caminaba frente a los guardias con
sus pasos altivos, como si no fuera su fin. Numerosas flechas se le clavaron en
el cuerpo, pero la muchacha no perdió la dignidad. Era orgullosa, fiel a sus
planes e ideales. ‘Alguien a quien sí se puede admirar’ pensó Shai.
-¿Sabes?
Marla y tú casi podríais ser gemelas.-solía pincharla su hermano. Pero él no
sabía que para ella eso era un halago más que un insulto. Las personas
decididas, seguras, fieles hasta el final, esas eran personas ejemplares.
Alzó
la vista y se encontró con la visión del muchacho rescatado por su hermana.
Ahora estaba mucho más aseado, sin restos de sangre en la cara y con una
respiración estable. Aunque eso no hacía que a Shai dejaran de darle arcadas
cada vez que lo miraba. El joven tenía la tez pálida y el pelo rojo fuego. Sus
pestañas eran espesas y proyectaban sombras sobre sus pómulos. Tenía la cabeza
ladeada y la expresión relajada. Quizás en otro mundo, en otro tiempo, en
circunstancias completamente opuestas, a Shai podría haberle llegado a
interesar. Pero no entonces. Lo único que le provocaba ese chico (o cualquier
otro en la misma situación) era el impulso de acercarse a él y quitarle la
máscara de oxígeno y cualquier otro aparato que propiciara su supervivencia.
En
aquel preciso instante, el cardiógrafo comenzó a cambiar de ritmo, a acelerarse
casi de manera imperceptible. Shai se extrañó. Tenía el oído muy fino, así que
la variación no se le escapó. Se acercó al muchacho para comprobar si había
habido realmente algún cambio. En los pocos pasos que tuvo que dar, se preguntó
por qué estaba haciendo ella eso. Era a su hermana a quien le interesaba, ella
no quería estar allí, y sin embargo no se había movido de la butaca desde que
lo llevaron a la habitación. Cuando llegó frente al chico, se quedó observando,
ligeramente sorprendida, cómo éste abría los ojos, de color verde aguamarina.
El
joven pareció desorientado por un momento. Miró a todos los lados con angustia
hasta reparar en Shai.
-¿Dónde
estoy? ¿Qué ha pasado? ¿Qué me habéis hecho?- tenía el tono de voz alterado,
nervioso, y además translucía un deje de desprecio.
Perfecto,
acababa de despertarse y ya sacaba de quicio a Shai.
-Relájate,
Bello Durmiente.- dijo con desdén.- En vez de preguntarme como fuera la que ha
intentado acabar contigo, podrías agradecer que te hayamos traído aquí, sino,
estarías muerto.
-Ya
te gustaría a ti…- murmuró el muchacho.
-¡¿Disculpa?!
-Que
sé por qué me habéis traído aquí. Me habéis condenado.
-Oh,
perdona.- Shai empezó a perder el control.- Pero trayéndote a este maldito hospital
te hemos salvado de una muerte inminente. Al menos podrías dar las gracias,
porque ten por seguro que ayudarte es lo último que yo habría hecho.El chico fue a buscar una réplica, pero entonces su rostro se iluminó.
-¿Has
dicho hospital?
-Sí,
aunque yo preferiría haberte llevado a hor…
-Vaya,
vaya, parece que hemos despertado de la siesta, ¿eh?
Alec
apareció por detrás de ella, puso las manos en los hombros de su hermana y
apoyó la cabeza sobre la suya.
-Alec,
te pesa la cabeza.
Su
hermano no respondió, se quedó mirando fijamente al desconocido.
-A
ti te pasa algo grave.-le dijo sin expresión.- ¿Seguro que no te diste un golpe
en la cabeza?- Alec sonrió malévolamente.- ¿Qué creías que te habíamos hecho? O
más bien, ¿qué pensabas que te había
hecho Shai?
Shai
echó la cabeza hacia atrás asestándole un golpe en la mandíbula.
-Pervertido.-
lo recriminó. Alec le sacó la lengua.
-Lo
siento.- se disculpó el chico de pelo rojo.- Os lo agradezco mucho. Me llamo
Gabriel.
‘Puf,
como si me interesara’ pensó Shai.
-Yo
soy Alec,-se presentó el moreno.- Y esta es mi hermana Shaia.
-Agradecería
que me dejaras presentarme a mí. Y que no le dijeras mi nombre a desconocidos.
Gabriel
la miró sin comprender, y luego dirigió su mirada hacia Alec, interrogante.
-No
esperes cortesía por su parte.- dijo simplemente el muchacho, encogiéndose de
hombros.- Oye, ¿no deberíamos avisar a Zoey y a mamá de que ha despertado?
-Eso
no será necesario.Tres pares de ojos se giraron hacia la puerta. Una enfermera de sonrisa agradable acababa de entrar en la habitación, seguida por la madre de Alec y Shai y por su hermana. Zoey no sabía que decir. Tenía la boca abierta y miraba fijamente al chico, emocionada. De repente, se abalanzó hacia delante y rodeó con sus brazos al chico, cuya expresión de sorpresa y el ligero sonrojo que cubrió sus mejillas hicieron mucha gracia a Shai, que se ocultó tras su hermano para que no la vieran reírse.
-Me
alegro de que hayas despertado.- dijo con voz entrecortada.
-Zoey.-
le llamó la atención su madre.
-Déjala
que haga lo que quiera.- suspiró Alec.
-Zöe,
mantén la compostura.- dijo entonces Shai volviendo a su seriedad habitual.
Solo entonces de separó Zoey del muchacho, que aún no sabía lo que pasaba. Zoey
estaba completamente roja tras darse cuenta de lo embarazosa que había
resultado la situación.
-Lo-lo
siento…
-No
pasa nada.- la cortó Gabriel con una sonrisa encantadora que hizo resoplar a
Shai.
-Gabriel,
esta es mi hermana Zoey.- dijo Alec distraídamente.- Es la que te salvó la
vida.
‘Y
podía habérselo ahorrado’.
-Al
parecer, todavía no era tu momento.- la enfermera emitió una risita cantarina a
pesar de lo extraña que había sonado la frase.
Gabriel
miró a Zoey con agradecimiento y los ojos brillantes.
-No
sabes cómo te lo agradezco, Zoey. No sé qué decir.
Zoey
enrojeció aún más.
-N-no
fue nada. Es que… no podía dejarte allí.
-Vamos,
Zoey, no seas modesta.- interrumpió Shai, enfadada.- Encima de que lo has
salvado no te quites mérito, blanda. Para eso, haber pasado de largo y haberlo
ignorado.
-Shai,
discúlpate ahora mismo.- la reprendió su madre.- No está bien ser maleducada ni
desear el mal a cualquier otro.
-¿Y
a mí que más me da?- gritó Shai.- ¡Es un chico, son todos iguales! ¡No merece
lo que Zoey hizo por él! ¿Para qué lo hemos salvado? ¿Para que haga lo mismo
que papá hizo con nosotros?
Su
madre se quedó lívida, con los ojos muy abiertos. Zoey ahogó un grito. Alec
posó una mano en el hombro de Shai.
-Está
bien, tranquilízate.
Shai
se sacudió la mano de su hermano y mostró una expresión dura, marmórea e
impenetrable.
-Deberían
morir todos.Su voz fue fría y cortante. Shai se dio la vuelta y se marchó con paso decidido de la habitación. Gabriel hizo ademán de levantarse, pero tanto la enfermera como Alec se lo impidieron. La habitación del hospital se sumió en un sepulcral silencio.
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Aquí la segunda parte del capítulo 1. Shai se cabrea O.O Se que me ha quedado muy largo, pero si lo partía en tres partes era imposible seguir la historia normalmente.
Y sí, para los que conozcais el libro, he hecho una pequeña comparación entre Marla de Alas Negras y Shai... al fin y al cabo, es uno de mis libros preferidos.
A ver... reacciones, plis ^^





